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En el mundo de los seguros, la confusión es un riesgo. Aquí traducimos los términos técnicos en conceptos honestos, para que tomes el control de tu seguridad sin necesidad de ser un experto.
Es el monto que tú decides pagar de tu bolsillo antes de que el seguro empiece a cubrir.
Un deducible alto baja tu pago mensual, pero solo conviene si tienes ahorros para cubrirlo en una emergencia. No es un ahorro, es un pacto de riesgo compartido.
Es el dinero que el seguro entrega para reparar el daño que tú le hagas a otros (autos, personas o propiedad).
Es la cobertura más importante. Arreglar tu auto es un gasto; pagar una indemnización por un accidente grave puede arruinar tu patrimonio. Nunca escatimes en este límite.
Ocurre cuando declaras que tu casa vale menos de lo que realmente cuesta reconstruirla para pagar menos prima.
Es una trampa mortal. Si declaras el 50% del valor, la aseguradora solo te pagará el 50% de cualquier daño, aunque sea pequeño. Lo barato sale carísimo
Son las personas que recibirán el dinero del seguro si tú faltas.
Siempre deben ser personas con nombre y RUT (nominativos). Si pones «Herederos Legales», el dinero entra en la posesión efectiva y puede tardar años en llegar a quienes lo necesitan hoy.
Es el servicio de resolverte un problema (médico, legal o de maletas) en el momento, sin que tú pongas dinero.
Las tarjetas de crédito ofrecen «seguro por reembolso». Eso significa que tú pagas la cuenta de la clínica y luego esperas meses el dinero. Nosotros buscamos pago directo.
Es la Comisión para el Mercado Financiero, el ente que vigila que las aseguradoras y corredores cumplan la ley.
Estar regulados no es un «premio», es el estándar mínimo de seriedad. No confíes tu patrimonio a quien no pueda demostrar su acreditación ante la CM